Un comienzo fuerte, impactante, música que se metía hasta el corazón y más. Así arrancó el desfile de Juanjo Oliva que trajo consigo la explosión del color, la alegría y la sensualidad. No dejó ni un sólo ápice para que entrase el negro, o los colores apagados, todo fue un zumo de frutas, un cóctel explosivo de mezclas, brillos y fuego para la vista. Oliva se recrea en los colores que trae consigo el verano, azules, naranjas, verdes y rojos son las bases de su "especial paleta de pintor". De un solo brochazo se quedó con nuestros sentidos y ni aún ahora nos hemos recuperado. El cambio radical de las famosas Despunta a golpe de tacón