El divorcio se ha convertido en un buen momento para hacer una fiesta, al menos en Estados Unidos, donde cada vez son más los que optan por alguna celebración para dar carpetazo definitivo al amargo trago de la separación conyugal. La tendencia ha dado lugar a una incipiente industria: la de las empresas que organizan fiestas de divorcio. La oferta es de lo más variopinta, desde bacanales en las que el divorciado/a dan rienda suelta a la tensión acumulada al disparar dardos contra la foto de su ex, hasta ceremonias espirituales y celebraciones en las que la pareja concluye, en tono amistoso, la vida matrimonial.