El Tribunal Europeo de Derechos Humanos declaró este martes la presencia de los crucifijos en las aulas "una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones" y de "la libertad de religión de los alumnos". La sentencia responde al recurso presentado por Soile Lautsi, una ciudadana italiana de origen finlandés, que en 2002 había pedido al instituto estatal italiano en el que estudiaban sus dos hijos que quitara los crucifijos de las clases.
El Tribunal de Cuentas italiano ha abierto una investigación sobre un crucifijo atribuido al artista renacentista Miguel Ángel Buonarroti que el Estado italiano compró el pasado diciembre por 3,2 millones de euros y del que varios expertos han puesto en duda que sea obra del genio toscano.