Desde los años 80, la fémina se ha lanzado con una necesidad latente al mercado laboral, pero sólo hacia aquellos sectores en los que una sociedad eminentemente machista les ha dejado actuar. De este modo, pululaban nóminas dirigidas a enfermeras, secretarias, profesoras y demás, sin dejar que el carácter emprendedor que dormitaba en las entrañas de la mujer cobrase vida.