En pocos lugares del mundo se muestran las fuerzas de la naturaleza de una manera tan explosiva y salvaje como en Islandia. El paisaje de esta isla, donde Julio Verne situó la entrada al centro de la tierra, encierra extintos y activos volcanes, glaciares, geiser, iceberg que flotan en sus lagos y una escarpada línea costera con una gran densidad de aves.