La sociedad en la que vivimos se caracteriza por un consumo desorbitado, es decir, cuanto más tenga o más pueda hacer, mucho mejor. Así, el trabajo se convierte en la herramienta legítima para alcanzar esos objetivos. A esto hay que añadir que el hecho de tener una vida laboral activa está considerado como una cualidad positiva. Sin embargo, esto puede dejar de ser así, cuando la dedicación al trabajo se convierte en algo más, en una obsesión.