Este año los escaparates pintan las tendencias de un color indefinido que en la prehistoria solía llamarse azul índigo. El denim, el tejido vaquero, ha saltado de los pantalones para travestirse en bolso, zapatos, traje, chaqueta o falda conquistando el territorio de la elegancia moderna y atrapando el foco de la indumentaria diaria, más allá de los conjuntos donde prevalecía una temible camisa blanca (siempre por dentro, claro).
Este año los escaparates pintan las tendencias de un color indefinido que en la prehistoria solía llamarse azul índigo. El denim, el tejido vaquero, ha saltado de los pantalones para travestirse en bolso, zapatos, traje, chaqueta o falda conquistando el territorio de la elegancia moderna y atrapando el foco de la indumentaria diaria, más allá de los conjuntos donde prevalecía una temible camisa blanca (siempre por dentro, claro).
Este año los escaparates pintan las tendencias de un color indefinido que en la prehistoria solía llamarse azul índigo. El denim, el tejido vaquero, ha saltado de los pantalones para travestirse en bolso, zapatos, traje, chaqueta o falda conquistando el territorio de la elegancia moderna y atrapando el foco de la indumentaria diaria, más allá de los conjuntos donde prevalecía una temible camisa blanca (siempre por dentro, claro).