Las obras plásticas, entendidas como un lenguaje no hablado y con sus propias reglas, se han convertido en una herramienta muy útil para los psiquiatras, que pueden acceder a a las angustias e ilusiones de sus pacientes mentales, quienes a su vez han encontrado en el arte una terapia curativa.
Según un estudio realizado conjuntamente por dos universidades, acabar con la depresión o los trastornos obsesivos-compulsivos apretando sólo un botón parece una realidad cada vez más cercana.