Llegaron con fuerza hace apenas una década y se extendieron rápidamente entre los colectivos de jóvenes y adolescentes. En respuesta a un deseo de ser diferente, como rebeldía antes las modas más conservadoras o como simple adorno, el piercing se ha convertido en la seña de identidad de muchos jóvenes. La pregunta es ¿está exento de peligro?