La mujer ya ha superado la discriminación laboral a la hora de acceder a un puesto de trabajo, aunque los ingresos sigan siendo inferiores a los del hombre. Su presencia en las universidades es ya superior respecto al sexo masculino. Y sin embargo, todavía existe algo arraigado en la sociedad que obliga a la mujer a realizar un mayor esfuerzo sobre el hombre: la sufrida y doble jornada laboral que impone a las trabajadoras llegar cansadas al hogar y coger entonces el relevo del trabajo doméstico.