Una bebida, por muy buena que sea, nunca sabrá igual si se sirve en un recipiente inadecuado. Un buen capuccino, por ejemplo, no resulta tan sabroso en un vaso de papel que en una taza de café. De la misma manera, no se puede servir un vino en la misma copa que se utiliza para los cócteles, ya que la forma influye en el sabor y en el aroma.