No podemos pretender que nuestras conversaciones resulten atractivas para todo el mundo, pero sí podemos conseguir que resulten interesantes a la hora de iniciarlas. Recordando que nunca debemos dejar de ser nosotros mismos, puede ayudar el buscar en revistas o periódicos relatos de interés general que sean peculiares, buscar entre nuestras vivencias acontecimientos que creamos puedan ser interesantes y estemos dispuestos a compartir o tratar de conocer los temas preferidos de nuestros interlocutores para charlar sobre ellos.